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15/8/07

El campo, ese gran desconocido

Por obligaciones contractuales, que tienen mucho que ver con la vida que tengo que llevar ahora, tuve que arribar para el campo, donde enterré mi senecitud para poder verlo y a la vez traducir a lenguaje humano lo que vi entre caminos de piedra, tierra, hierbajos y ecosistemas.

Lo primero es el aire. No tiene tecnología "Climacool" o lo que sea, pero al parecer está mucho mejor programado y más refinado, además de que no supone un aumento del consumo energético. Todo dado por la Naturaleza, a precio de saldo (unos cuantos euros de gasolina para sacar tu culo urbano de este gran pantano humano y a correr). El aire parece puro, y puro muy posiblemente lo es, sin tener que tener climatizador externo que echa el calor para fuera. Debido a su sencillez, no se precisa de mando, lo cual hace que podamos disfrutar del aire sin configurar nada ni leer manuales de usuario. No obstante, posee un gravísimo problema: el aire lo pone la Naturaleza cuando le sale de ahí, es que tanta sencillez hace que perdamos el control sobre el aire. Aunque en la montaña es mucho más probable que puedas disfrutar de este aire sin complicaciones. Sin embargo ya te aviso de que la temperatura la regula nuestra madre Naturaleza, por lo que es seguro que hay que escoger la ropa adecuada según lo jodido que esté el aire natural.

En segundo lugar, tenemos los olores naturales. En la ciudad tenemos el CO2, el acido monohídrico, el olor de la basura que dejamos, el de los comercios, etc... Todo esta maravillosa explosión de olores que enriquece a nuestra nariz y empobrece los pulmones. Introduzca el del amonsal y ya tiene una nariz estresada. Muchos dicen que el campo huele bien. Les daré sólo una parte de la razón, porque lo que es oler bien, al menos para mi criterio y seguramente el de muchos más, en muchos tramos del campo no se cumple del todo. Y no es que sea nuestra culpa, precisamente. Los otros animales que viven (o sobreviven) allí de vez en cuando tienen que ser llamados por la Naturaleza, y dejan su "firma" ahí para la posterioridad, hasta que el tiempo y los bichos se encargan de que la firma sea papel mojado. Pero mientras la firma siga en su sitio, el pobre que pase por ahí se encontrará con una extraña mezcla de olores. Como cuando pasamos por una calle concurrida, y a la vez "disfrutamos" del CO2 y del olor de la carne, además de la fragancia de alguna fémina que pase cerca. Pues la Naturaleza no se quiere quedar atrás y nos ofrece su producto, más sencillo y menos variado que el humano, pero mucho más soportable (aunque el fango hieda lo suyo). Sin embargo, lo que digo es que os adentréis en algún bosquecillo perdido y os desviéis del sendero que os asignaron, para poder disfrutar un olor bastante bueno y sanísimo.

Gastando otro párrafo más, ahí tenemos el análisis de las condiciones de vida. No es tu lugar, a no ser que te guste cagar agachado y te dé palo lavar el culo (bueno, a veces tienes un río donde puedes echar los agentes químicos que se te hayan quedado en el trasero y de paso enriquecerlo para el posterior consumo por parte de la vida animal incluyéndote), te guste estar entre árboles cagándote de frío, te parezca mejor el césped que cualquier otro colchón (aunque seas catado por miles de vacas que no distinguen yerba de carne humana. Lo de catar es porque luego dirán "No tiene eso que tiene la yerba"), te guste el agua que allí se gastan aunque luego tengas la tripa flojita, quieres comer carne cruda a pesar de no estar tan preparado después de miles de años de evolución y lo más importante de todo: te gusta ser pobre y rata. Para mi decepción, hasta allí ha llegado la temida especulación que durante años nos ha atenazado en la ciudad con resultados parecidos al feudalismo: "Ciudadano pobre, pez gordo rico". En cuanto a la vida animal, he de decir que los únicos que se asomaban ante los 37º de nuestro cuerpo eran los insectos. Demasiado tópico, salvo por alguna novedad que otra como saltamontes brincando por el césped cumpliendo su función sin estrés. Por otra parte, la vida animal es más friki de lo que pensaba. Muchos de los animales están continuamente reivindicando sus derechos en la sombra, pero en cuanto nos asomamos, se esconden.

Esta conjunción de palabras no puede morir sin que termine de analizar otro aspecto más, la sensación en general. En mi caso, siento que el campo está bien para desconectar un poco de los ruidos mundanales y ver cómo "firman" los animales, amén del fortalecimiento de tus piernas y a la vez carga para tus rodillas. Creo que está muy bien para un día en el que estés hastiado de la ciudad por su variedad, pero esta misma variedad es el mayor incoveniente del campo, porque cuando ya no quieres más montañas ni bosques, te encuentras con más y más procesos subrepiticios que terminan por darte el estrés que el campo pretendía eliminarte. En el campo que he analizado, la Naturaleza es como muchos artistas, empieza por hacer cosas bellas pero termina por estar limitada a estas cosas, sin buscar recovecos de imaginación en su interior. En general, acaba por ser muy, muy cansino.

Y ya que dejamos una nueva cosa, a partir de ahora en algunas entradas dejaré una frase al final. Puede ser inventada o propia, si es inventada se menciona el origen. Bueno, allá va:
La mitad de los científicos que investigan la actividad digestiva de la mayor mosca de América han tomado bromuro alguna vez en su universidad

3 comentarios:

JumaX9 dijo...

Vaya, yo vivo en el campo, así que lo conozco bien...

vale, no vivo en el campo, pero casi... y lo de los olores lo he sufrido en pleno pueblo :vaca superpoderosa:

Mcmanus dijo...

Oh, ¿te has sentido identificado?

JumaX9 dijo...

Sí, con el animal que se oculta en la sombra, pero ese es otro tema...